LUCES PARA EL CAMINO

LUCES PARA EL CAMINO

En nuestra página creemos importante compartir las experiencias de las personas que una vez superado los momentos más difíciles, se animan a dejar por escrito cuales han sido sus sentimientos, preguntas, y decisiones. Nos aliviará saber que no estamos solas, solos, que siendo complicado hay razones para pensar que es posible aprender a vivir la vida de otra manera…

¿CUÁNDO EMPEZÓ TODO?

Quizás esta pregunta sea recurrente. En qué momento la vida nos cambió y comenzó este “infierno” de no comprendernos, de hacernos daño, de fortificar muros de silencio e indiferencia, que pasó para que hayamos llegado hasta aquí… Los límites traspasados, el futuro desquebrajado. ¿Mala suerte? ¿Un castigo? ¿Un pago por algo que habré hecho?…  La pregunta, -quizás te digan en terapia de que sirve para poco, pero creo, que si es un ejercicio liberador hemos dado una primera respuesta. Si ahora estás  en “problemas” todo comenzó hace muchísimos años. Cuando eras una niña, un niño. Allí se forjó quien eres, tu capacidad de amar y ser amado, fue como un “útero”; se gestó la persona que afrontara la vida, lo que ella traiga y lo que tú atraigas. Allí empezó todo. Ser madre, ser padre, lleva muy poquito de teoría, mucho de aprendizaje y colmados de libertad y amor. Teoría y aprendizaje, todas las culturas la tienen, la dificultad está en administrar estos dos valores que cada una o uno cultiva. Ser libres para dejar libre y amar para crecer en esa libertad creadora. Todo lo demás puede ser esclavitud, aunque sea con las mejores de las voluntades.

Y quizás identificar las esclavitudes, nos permitan responder al estancamiento que supone buscar un culpable del que por desgracia ya tenemos siempre veredicto: nosotros. Se es esclavo-a cuando no expresamos con libertad nuestros sentimientos. Cuando asumimos la vida de los demás como una responsabilidad nuestra. Cuando buscamos fuera de nosotros a los responsables de nuestra vida. Cuando por miedo, vergüenza, coacciones afectivas no tomamos decisiones buenas o malas por nosotros. Cuando justificamos las conductas que nos hacen daño. Cuando pongo mi vida a los “pies de los demás” aunque sean los más nobles sentimientos y me olvido de mi. ¿Cuándo empezó todo? En el momento que mi libertad y mi amor no fueron de la mano y cada embate desmoronó lo conquistado hasta el agotamiento.

Construir la libertad, construirse desde el amor es un ejercicio que da plenitud a nuestra vida.

 

(anonimo)

COMO INFLUYEN NUESTROS CAMBIOS EN NUESTROS HIJOS Y VICEVERSA (II)

Pienso que para poder haber cambios: Primero  nos tenemos que dar cuenta de los errores que hemos podido cometer y sobre todo aceptarlos y ver la manera de corregirlos.

Algunos de éstos errores nos podemos dar cuenta nosotros mismos (levantaba la voz, era muy exigente, no hablábamos mucho, etc.)

Otras nos hemos dado cuenta aquí (refuerzos, valoraciones, paciencia, etc.), otras nos damos cuenta por sus propios cambios (tranquilidad, valoración de la familia, más cariñoso) y otras que es la más difícil, la que ellos no te dicen directamente sino entre líneas o actos como (sus miedos, su necesidad de normas, que lo valoremos más como adulto, etc.)

Por eso creo que tenemos que estar muy atentos a sus cambios y a los nuestros, porque en intentar cambiarlos está la respuesta y sobre todo nuestro éxito y el suyo.

 

Madre Anónima

CONOCEMOS A NUESTROS HIJOS/AS? (II)

El pasado jueves 21 de mayo tuve la suerte de asistir a un coloquio, aunque en realidad para mí fue una charla en donde el tema principal de la misma consistía en dar tu opinión sobre ¿conoces a tu hijo?.

Pues bien, resulta que tras realizar un ejercicio  en donde tenía que responder a una serie de preguntas, que en un principio parecían sencillas y oír todo lo que exponían él resto de mis compañeros llegué a una conclusión que me chocó más de lo que yo podía imaginar:

“No conozco a mi hijo”

Al responder las preguntas que antes tildé de sencillas me fui dando cuenta que la complejidad de las mismas tenía una vez contestadas, ya que fui analizando como uno va dejando que transcurra la vida tratando de ayudar a tu hijo, de criticar lo que no te gusta, de alegrarte por sus logros y miles de cosas más, que algunas estarán bien y otras no tan acertadas, pero lo que sí es cierto es que todo va ocurriendo a una velocidad vertiginosa y parece mentira que después ya en tus espaldas bastantes años como padre, tengas que asistir a una “clase” en donde te hagan reflexionar y decirte a ti mismo una frase que no sé si la dijeron los hermanos “Marx” o un filósofo de verdad , pero viene a decir lo siguiente:

“Que paren este tren que yo me bajo aquí”

Tu hijo y tú se merecen parar el tiempo para conocerse, para escucharlo, para entenderlo, sobre lo que siente, saber lo que le asusta, lo que le pone triste, lo que le reconforta y un millón de cosas más que sólo lograremos si somos capaces de parar ese “tren” y matarnos a escuchar, no a oír, sino a escuchar.

Hago esta reflexión por algo, y ese “algo” no es otro que la gran sorpresa que me llevé el otro día por llevar muchos años subido en un tren que no entendía de paradas:

“Ños, mi hijo se parece a mí”

Y no es que ahora vaya a entrar en defectos o virtudes que se parezcan a las mías, sino que me impactó bastante el hecho de que yo nunca me hubiese fijado en ese detalle. Increíble pero cierto.

Lo que está claro es que este detalle y el desarrollo de la “clase” me produjeron dos sentimientos que parecen contrapuestos pero a los que yo he querido buscarles una relación entre ellos:

“Desilusión y alegría”

Desilusión, porque creo haber perdido muchos momentos enriquecedores con mi hijo, por no practicar en debida forma, en esto tan sencillo como es la comunicación.

Alegría porque si sé reflexionar todavía nos queda tiempo de sobra para darle uso al dicho: nunca es tarde si la dicha es buena.

Y entonces llegamos al momento de preguntarnos:

“Qué queremos conocer”

En mi caso, y como ya comenté antes, de mi hijo me gustaría conocer sus sentimientos, alegrías, penas e inquietudes en general, porque creo que son las mejores herramientas que tenemos en nuestras manos para poder ayudarlos. Creo firmemente que si conociera mejor a mi hijo, consecuencia que tampoco evitaría al cien por cien que todo rodase como me gustaría, conseguiría al menos darme cuenta con un poquito de antelación de que hay algo que no está funcionando como debiera y que podría precisar una intervención.

También salieron preguntas sobre su comportamiento tanto dentro como fuera de casa; y ahí sí es cierto que si yo conozco a mi hijo y me agradan los valores que veo en él, tengo que saber que necesita independencia en sus actos y desarrollar y forma de desenvolverse en la sociedad por sí solo. Mi hijo tiene que ver “él mismo” y no lo que  a  mí me gustaría o llegar  a pensar que tiene que ser una continuación nuestra. Con sus defectos y sus virtudes es él quien busca y necesita ser aceptado por la sociedad conforme a como es él y no como “hijo de…”, o actuando como lo haríamos, o nos gustaría, a nosotros. Generalmente habrán comportamientos que no nos gusten, pero eso no quiere decir que en algunos casos no sean correctos sino que a nosotros no nos lo parecen. Teniendo unos principios, él es el único responsable de sus actos y de sus comportamientos.

En definitiva, que estoy muy contento de haber asistido a esa “clase” y participar en la misma para poder hacer

“Reflexión final”

Darme la oportunidad a mí mismo de que todas las reflexiones que aquí he descrito no sólo se queden aquí, sino que sea capaz de llevarles a la práctica de la mejor manera posible, aún sabiendo que eso no significa que los resultados no sean siempre los esperados.

Padre Anónimo

COMO INFLUYEN NUESTROS CAMBIOS EN NUESTROS HIJOS Y VICEVERSA (I)

Los hijos se parecen con nosotros más de lo que nos imaginamos, con lo cual si nosotros como padres cambiamos educacionalmente en positivo evitaremos males mayores ante cualquier problema, al mismo tiempo que dejamos una estela en nuestros hijos para que estos puedan ir conquistando parcelas de autonomía para convertirse en adultos responsables e independientes, para vivir sus propias experiencias y afrontar sus retos de la mejor manera posible.

Por ello la actitud de los padres frente a los hijos ha de ser:

– Sosegada y reflexiva: para evitar equivocaciones que nos lleven a acrecentar los errores cometidos.

– Diligente: para evitar que sus problemas se enfrasquen y se compliquen aún más.

– Ejemplizante y consecuente pues se identifican con nosotros y

– Principalmente COMUNICADORA. Donde se expresan sentimientos, sensaciones, actitudes, etc para hacernos escuchar a la vez que los escuchamos a ellos. Donde tiene que haber una implicación estrecha, y fomentar valores éticos y morales. No tiene que haber cabida para la negatividad (violencia, agresividad, aislamiento, abusos, aburrimiento, amenazas, etc.) y así poder llegar a un estado ideal con respecto a las relaciones con nuestros hijos y su desarrollo social y moral. Aunque esto a veces nos puede parecer una utopía ya que en nuestros casos nos ha tocado vivir una de las partes más duras de la vida como padres, pero quiero afrontar la mejor actitud posible como madre frente a mis hijos para poder probar más a menudo las mieles de la maternidad y asumir sus retos encontrando un equilibrio en esta difícil tarea. Para ello debemos instalar límites y normas ya que es necesario para su desarrollo personal. Dichas pautas les da referencias, seguridad, autocontrol, mejorando su autoestima, adquieren habilidades para distinguir lo correcto de lo inadecuado con lo cual los límites han de ser claros, comprensibles, lógicos y no arbitrarios. Esto nos ayudará a disipar la sensación que tenemos sobre la pérdida de control sobre la vida de nuestros hijos. Por todo ello, es necesario que seamos capaces de cambiar nuestros esquemas para poder llevar a nuestros hijos por el camino adecuado, y saber sacar el mejor fruto de nuestra cosecha, estamos obligando a ello porque el problema que los hijos un día abandonarán la infancia pero los padres nunca dejan la maternidad.

La madre es la providencia de los hijos en los primeros años de vida, el apoyo más firme en los años siguientes de la niñez, la amiga más tierna y leal en los años borrascosos de la juventud. Siempre estamos a su lado así que a ponerse las pilas que esta carrera nunca termina.

Madre Anónima

¿CONOCEMOS A NUESTROS HIJOS/AS? (I)

Ante esta pregunta respondería que sí, que lo conozco, que se dé él, pero si lo pienso detenidamente me asaltan interrogantes, pues se de sus rutinas , de sus entradas y salidas, de quiénes son sus amigos, de sus gustos al comer, sus deportes, etc.…Pero no solo necesitamos saber estas cosas, hay otras cosas importantes, como el vínculo que existe entre él y yo, donde influye nuestro carácter, y sobre todo la comunicación entre ambos para conocer miedos, fobias, la realidad que nos rodea, qué opinión tiene sobre mí, que soy para él, que tenemos que estar pendiente no solo de su comportamiento sino de las cosas que no vemos como pueden ser sus problemas, su desorientación para poder ofrecerle ayuda , consejo, confianza, etc.… Por ello hay que prestar atención no solo a lo visible, sino también a lo invisible de nuestros hijos. Y para ello es fundamental la comunicación. La cual tiene que ser enriquecedora, positiva, con sentimiento, flexible, reflexiva, singular, etc.…Y para que esta fluya tenemos que:

– Darles la oportunidad de que sean responsables, delegándoles responsabilidades.

– Que participe de las discusiones, alegrías y preocupaciones de la familia.

– Expresarles nuestros sentimientos.

– Exigirles en el plano moral y social.

– Y que nosotros como padres tenemos que formar un frente común.

Madre Anónima

ESCUELA Y FUTURO

Estamos experimentando muchos cambios en la sociedad; ya no somos las generaciones de los años 40/50..ni siquiera las de los 90… o de hace cinco años… Muchos de nosotros somos una generación de ‘tránsito’, hemos visto el paso de una moneda a otra, de no tener a tener internet, de ser analógicos a digitales, de las cabinas a los móviles, del casset al mp3/4…y así sucesivamente.

Vivimos en un mundo donde cada cinco meses (y seguro que exagero, pero, a mucho) sale a la venta un teléfono que es “mejor que el mío-que por cierto, me sigue funcionando en esos cinco meses-” y por el que soy capaz de acampar desde la madrugada delante del negocio que me lo venderá. Sin embargo, ya no voy de acampada con mis amigos/as porque en la playa no existe wifi, para saber qué hace el resto de gentes que no están en esos momentos con nosotros…

De hecho, además de las fiestas (llámese hallowen,…), del vocablo (‘runner’ en vez de corredor…)..estamos adaptando el modelo anglosajón, por no decir claramente americano, de sociedad, donde existen unos ‘triunfadores’ y unos ‘perdedores’, potenciado por la industria del cine y de la televisión….

Hablamos de una sociedad competitiva… pues siempre tiende a ‘hacerte único’ (aunque veinte millones de personas tengan el mismo modelo de coches o de teléfono) y exclusiva porque si no eres guapo/a, alto/a y flaco/a, el perfume no te va a quedar igual…

Y de todo esto ha de hacerse eco la escuela y además transformarlo. De lo competitivo, hemos de luchar para que sea cooperativo, del individualismo, potenciar el trabajo en grupo, de lo académico, desarrollar el aprendizaje significativo, de las familias ideales cuya única preocupación es la ‘lactosa’ en la leche, el trabajo del duelo por la separación de unos padres, de la búsqueda de la ‘eterna juventud’, el respeto por nuestros mayores …y así, un sin fín de cosas..

La escuela es la “caja de herramientas” que actúa como educadora, como enseñante, como animadora sociocultural, como hospitalito…. Y además teniendo que cumplir con unos plazos y contenidos que satisfagan a la administración, a las familias y a la sociedad en general.

No es en vano que, de esta forma y por este ‘estrés social’ triunfen aspectos y conceptos como el ‘mindfulness’ (ser conscientes de lo que nos ocurre cuando nos ocurre), que cada vez hayan más niños con patologías psiquiátricas, que los juguetes para pedir a los Reyes sean ‘paneles de recompensas’ (catálogo del Lidl)…

Y a qué nos está llevando todo esto como educadores (familia y escuela)… a una pérdida a pasos agigantados del sentido común.

Las sobreprotecciones en la infancia están siendo tan dañinas como el desamparo. La falta de atención en sus verdaderas necesidades, la falta de estimulación del lenguaje y de compartir tiempos ‘reales’ en los niños (sustituidos por ‘niñeros/as digitales’), no está llevando en la era de la comunicación, a sentirnos cada vez más incomunicados.

La escuela trata de adaptarse y evolucionar en estas nuevas realidades (con la educación por proyectos, etc, aunque desde los mismos espacios arquitectónicos), pero todo se ha de llevar a cabo desde el conjunto global de toda la Comunidad Educativa.

Lidia Bolaños

CEIP PABLO NERUDA (Fuerteventura)

CARTA DE UNA MADRE

ANTES Y DESPUÉS

Hace unos meses encontré una foto del 2013 y esta semana me llegó la correspondiente a esta Navidad. En aquella primera se ve a una persona con una mueca en la boca y una sombra de tristezas en los ojos. Al verla me dio un vuelco el corazón. Por esa época mi vida, la de mi familia cambió. Desde hacía un tiempo mi hija salió de casa y se instaló un ser terrible, desconocido, manipulador y sobre todo agresivo. Mi niña se había ido transformando y yo no conseguía saber qué había pasado.

¿Dónde me equivoqué? ¿Qué hice mal? ¿Cuándo me despisté? ¿Por qué? ¿Por qué? Por qué? ¿Cómo recuperarla? Hablaba sin parar de ello en busca de alguna ayuda. En el instituto con la orientadora, con las amigas, en el trabajo, con mis hermanas… Cada fin de semana era un calvario. El trabajo un escape. Acudí a los Servicios Sociales pero ella no colaboraba y yo me sentía juzgada.

Decidí viajar a Gran Canaria e informarme en la Fiscalía de Menores. Iba sin cita pero al comentar la razón que me llevó allí me atendieron. Salió un señor alto y joven y le relaté lo que sucedía en casa. Por primera vez sentí que me escuchaban y no me miraban con aire acusador. Su respuesta me dejó hundida: ” Denuncie, señora, denuncié”…

Pero la posible solución me daba más miedo que mi propia hija. Sí, tenía miedo de mi hija! De sus gritos, sus insultos,, su ira rompiendo y tirando todo… La posible solución: un Centro de menores. Pero eso no es lo que necesita mi hija! ¿Cómo voy a encerrarla ahí? ¡Imposible!. Me volví a Fuerteventura y dije que lo pensaría.

Pero una escena de tremenda violencia familiar lo decidió todo. Dejé atrás todos mis temores y actué. Un amigo abogado me asesoró y medió entre mi hija y el resto de la familia en más de una ocasión durante el proceso. La decisión más dura de mi vida! Lloré durante horas y me sentí fracasada como madre y como persona. Sin embargo, la mejor decisión.

A partir de ahí me sentí protegida. Abogado, procurador, fiscalía… Alguien le decía hija que no estaba actuando bien y que podía tener consecuencias negativas. Y llegó el momento en que nos convocaron para la terapia familiar. Alguien la ayudaría a ella y alguien nos ayudaría a nosotros.

Poco a poco, cita tras cita aprendía y reaprendía: a ser firme, a poner límites, sin miedo, sin rabia pero con firmeza. Hasta dónde podía permitir llegar a mi hija con sus comentarios o sus

exigencias. A no permitir ser manipulada emocionalmente. A mostrar mi desacuerdo o mi oposición sin sentirme culpable… Me hacían ver hasta dónde llegar y cómo y qué mejorar en mi relación con mi hija. Volví a saber decir no. Aprendí que yo soy la adulta. Y que puedo atender a mis hijos sin desatenderme a mí.

No fue fácil. Hubo momentos de desesperanza, otros en que me ponía a la defensiva o volvía a casa desesperanzada y cansada.

Pero siempre, siempre tuvimos el apoyo de los especialistas. Las charlas con la psicóloga familiar me permitían sacar todas mis dudas, mi frustración y volver a la lucha por recuperar a mi hija. También me enseñaron a pensar en ella de forma positiva pese a lo duro de la situación. Debo decir que nunca deje de pensar que en algún momento saldrían de nuevo a flote todas aquellas buenas cosas que vivió en familia. Hoy creo que fue la mejor decisión: yo he mejorado, mi hijo y mi marido mejoraron … Y mi hija también mejora. Fui para rescatar a mi hija y me rescataron a mí. Y al mejorar yo hemos recuperado la familia.

Año y medio después me sorprendo sonriendo, cantando en el coche y aceptando las cosas con otro talante. Ahora sé que puedo acercarme a mi hija y comunicarme con ella de otra manera. En la nueva foto hay una mujer con una gran sonrisa, que no se rinde y que sabe que siempre hay esperanza.

Una madre agradecida por la ayuda y atención recibidas por este grupo.

A. M. I. gracias.

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