LUCES PARA EL CAMINO

LUCES PARA EL CAMINO

En nuestra página creemos importante compartir las experiencias de las personas que una vez superado los momentos más difíciles, se animan a dejar por escrito cuales han sido sus sentimientos, preguntas, y decisiones. Nos aliviará saber que no estamos solas, solos, que siendo complicado hay razones para pensar que es posible aprender a vivir la vida de otra manera…

¿CONOCEMOS A NUESTROS HIJOS/AS? (I)

Ante esta pregunta respondería que sí, que lo conozco, que se dé él, pero si lo pienso detenidamente me asaltan interrogantes, pues se de sus rutinas , de sus entradas y salidas, de quiénes son sus amigos, de sus gustos al comer, sus deportes, etc.…Pero no solo necesitamos saber estas cosas, hay otras cosas importantes, como el vínculo que existe entre él y yo, donde influye nuestro carácter, y sobre todo la comunicación entre ambos para conocer miedos, fobias, la realidad que nos rodea, qué opinión tiene sobre mí, que soy para él, que tenemos que estar pendiente no solo de su comportamiento sino de las cosas que no vemos como pueden ser sus problemas, su desorientación para poder ofrecerle ayuda , consejo, confianza, etc.… Por ello hay que prestar atención no solo a lo visible, sino también a lo invisible de nuestros hijos. Y para ello es fundamental la comunicación. La cual tiene que ser enriquecedora, positiva, con sentimiento, flexible, reflexiva, singular, etc.…Y para que esta fluya tenemos que:

– Darles la oportunidad de que sean responsables, delegándoles responsabilidades.

– Que participe de las discusiones, alegrías y preocupaciones de la familia.

– Expresarles nuestros sentimientos.

– Exigirles en el plano moral y social.

– Y que nosotros como padres tenemos que formar un frente común.

Madre Anónima

ESCUELA Y FUTURO

Estamos experimentando muchos cambios en la sociedad; ya no somos las generaciones de los años 40/50..ni siquiera las de los 90… o de hace cinco años… Muchos de nosotros somos una generación de ‘tránsito’, hemos visto el paso de una moneda a otra, de no tener a tener internet, de ser analógicos a digitales, de las cabinas a los móviles, del casset al mp3/4…y así sucesivamente.

Vivimos en un mundo donde cada cinco meses (y seguro que exagero, pero, a mucho) sale a la venta un teléfono que es “mejor que el mío-que por cierto, me sigue funcionando en esos cinco meses-” y por el que soy capaz de acampar desde la madrugada delante del negocio que me lo venderá. Sin embargo, ya no voy de acampada con mis amigos/as porque en la playa no existe wifi, para saber qué hace el resto de gentes que no están en esos momentos con nosotros…

De hecho, además de las fiestas (llámese hallowen,…), del vocablo (‘runner’ en vez de corredor…)..estamos adaptando el modelo anglosajón, por no decir claramente americano, de sociedad, donde existen unos ‘triunfadores’ y unos ‘perdedores’, potenciado por la industria del cine y de la televisión….

Hablamos de una sociedad competitiva… pues siempre tiende a ‘hacerte único’ (aunque veinte millones de personas tengan el mismo modelo de coches o de teléfono) y exclusiva porque si no eres guapo/a, alto/a y flaco/a, el perfume no te va a quedar igual…

Y de todo esto ha de hacerse eco la escuela y además transformarlo. De lo competitivo, hemos de luchar para que sea cooperativo, del individualismo, potenciar el trabajo en grupo, de lo académico, desarrollar el aprendizaje significativo, de las familias ideales cuya única preocupación es la ‘lactosa’ en la leche, el trabajo del duelo por la separación de unos padres, de la búsqueda de la ‘eterna juventud’, el respeto por nuestros mayores …y así, un sin fín de cosas..

La escuela es la “caja de herramientas” que actúa como educadora, como enseñante, como animadora sociocultural, como hospitalito…. Y además teniendo que cumplir con unos plazos y contenidos que satisfagan a la administración, a las familias y a la sociedad en general.

No es en vano que, de esta forma y por este ‘estrés social’ triunfen aspectos y conceptos como el ‘mindfulness’ (ser conscientes de lo que nos ocurre cuando nos ocurre), que cada vez hayan más niños con patologías psiquiátricas, que los juguetes para pedir a los Reyes sean ‘paneles de recompensas’ (catálogo del Lidl)…

Y a qué nos está llevando todo esto como educadores (familia y escuela)… a una pérdida a pasos agigantados del sentido común.

Las sobreprotecciones en la infancia están siendo tan dañinas como el desamparo. La falta de atención en sus verdaderas necesidades, la falta de estimulación del lenguaje y de compartir tiempos ‘reales’ en los niños (sustituidos por ‘niñeros/as digitales’), no está llevando en la era de la comunicación, a sentirnos cada vez más incomunicados.

La escuela trata de adaptarse y evolucionar en estas nuevas realidades (con la educación por proyectos, etc, aunque desde los mismos espacios arquitectónicos), pero todo se ha de llevar a cabo desde el conjunto global de toda la Comunidad Educativa.

Lidia Bolaños

CEIP PABLO NERUDA (Fuerteventura)

CARTA DE UNA MADRE

ANTES Y DESPUÉS

Hace unos meses encontré una foto del 2013 y esta semana me llegó la correspondiente a esta Navidad. En aquella primera se ve a una persona con una mueca en la boca y una sombra de tristezas en los ojos. Al verla me dio un vuelco el corazón. Por esa época mi vida, la de mi familia cambió. Desde hacía un tiempo mi hija salió de casa y se instaló un ser terrible, desconocido, manipulador y sobre todo agresivo. Mi niña se había ido transformando y yo no conseguía saber qué había pasado.

¿Dónde me equivoqué? ¿Qué hice mal? ¿Cuándo me despisté? ¿Por qué? ¿Por qué? Por qué? ¿Cómo recuperarla? Hablaba sin parar de ello en busca de alguna ayuda. En el instituto con la orientadora, con las amigas, en el trabajo, con mis hermanas… Cada fin de semana era un calvario. El trabajo un escape. Acudí a los Servicios Sociales pero ella no colaboraba y yo me sentía juzgada.

Decidí viajar a Gran Canaria e informarme en la Fiscalía de Menores. Iba sin cita pero al comentar la razón que me llevó allí me atendieron. Salió un señor alto y joven y le relaté lo que sucedía en casa. Por primera vez sentí que me escuchaban y no me miraban con aire acusador. Su respuesta me dejó hundida: ” Denuncie, señora, denuncié”…

Pero la posible solución me daba más miedo que mi propia hija. Sí, tenía miedo de mi hija! De sus gritos, sus insultos,, su ira rompiendo y tirando todo… La posible solución: un Centro de menores. Pero eso no es lo que necesita mi hija! ¿Cómo voy a encerrarla ahí? ¡Imposible!. Me volví a Fuerteventura y dije que lo pensaría.

Pero una escena de tremenda violencia familiar lo decidió todo. Dejé atrás todos mis temores y actué. Un amigo abogado me asesoró y medió entre mi hija y el resto de la familia en más de una ocasión durante el proceso. La decisión más dura de mi vida! Lloré durante horas y me sentí fracasada como madre y como persona. Sin embargo, la mejor decisión.

A partir de ahí me sentí protegida. Abogado, procurador, fiscalía… Alguien le decía hija que no estaba actuando bien y que podía tener consecuencias negativas. Y llegó el momento en que nos convocaron para la terapia familiar. Alguien la ayudaría a ella y alguien nos ayudaría a nosotros.

Poco a poco, cita tras cita aprendía y reaprendía: a ser firme, a poner límites, sin miedo, sin rabia pero con firmeza. Hasta dónde podía permitir llegar a mi hija con sus comentarios o sus

exigencias. A no permitir ser manipulada emocionalmente. A mostrar mi desacuerdo o mi oposición sin sentirme culpable… Me hacían ver hasta dónde llegar y cómo y qué mejorar en mi relación con mi hija. Volví a saber decir no. Aprendí que yo soy la adulta. Y que puedo atender a mis hijos sin desatenderme a mí.

No fue fácil. Hubo momentos de desesperanza, otros en que me ponía a la defensiva o volvía a casa desesperanzada y cansada.

Pero siempre, siempre tuvimos el apoyo de los especialistas. Las charlas con la psicóloga familiar me permitían sacar todas mis dudas, mi frustración y volver a la lucha por recuperar a mi hija. También me enseñaron a pensar en ella de forma positiva pese a lo duro de la situación. Debo decir que nunca deje de pensar que en algún momento saldrían de nuevo a flote todas aquellas buenas cosas que vivió en familia. Hoy creo que fue la mejor decisión: yo he mejorado, mi hijo y mi marido mejoraron … Y mi hija también mejora. Fui para rescatar a mi hija y me rescataron a mí. Y al mejorar yo hemos recuperado la familia.

Año y medio después me sorprendo sonriendo, cantando en el coche y aceptando las cosas con otro talante. Ahora sé que puedo acercarme a mi hija y comunicarme con ella de otra manera. En la nueva foto hay una mujer con una gran sonrisa, que no se rinde y que sabe que siempre hay esperanza.

Una madre agradecida por la ayuda y atención recibidas por este grupo.

A. M. I. gracias.

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